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Testimonios contradictorios

El martes luego de la declaración de Maximiliano Peralta que comprometió aún más al oficial Lucas Chávez y el sargento Rubén Leiva como autor y coautor respectivamente del homicidio de Fernando “Guere” Pellico, testificaron dos compañeros de trabajo de los acusados. En primer lugar el oficial principal Agustín Ruiz y luego el comisario Walter René Ferreyra.

Agustín Ruiz al momento del suceso era oficial inspector y declaró ser amigo de los acusados fruto de 9 años de trabajo juntos.  Afirmó que el 26 de julio de 2014 escuchó por radio que el sargento primero Leiva, solicitaba cooperación porque se daba a la fuga una motocicleta y que se encontraba en una situación de intercambio de disparos. Cuando la defensa le preguntó si había escuchado los disparos por la frecuencia, Ruiz lo negó. También recordaba con precisión que había 34 coches en la unidad pero no, cual era el vehículo que utilizó aquella noche.

Durante su declaración fue muy reiterativo – al menos 7 veces – en que encontró al sargento Leiva “bastante nervioso, que se tocaba el pecho y se sentía mal”, que declaraba que tenía “miedo” sobre todo de “no volver a ver a su familia”.  Cualquiera fuera la pregunta Ruiz expresaba lo mismo. Con posterioridad el comisario Ferreyra, negó que Leiva haya manifestado tal expresión. Uno de los magistrados, le pidió a Ruiz, que explique cómo interpretaba tal situación de “miedo” siendo que Leiva ya se encontraba resguardado por muchos compañeros policías. El Juez preguntó a qué atribuía tal pesar,  a lo cual Ruiz declaró no saber.


¿Negligencia de Ferreyra ?
En ese momento René Ferreyra era subcomisario, y hoy ascendido a comisario esta imputado por el homicidio agravado de Christopher Andrés Carreras, de Villa Cornú, en 2012 y la causa elevada a juicio por la fiscal Hebe Flores. Ferreyra  era el responsable a cargo de la guardia y supervisor la noche que mataron a Güere.

Declaró, a diferencia de Ruiz, que sí escuchó una detonación en la frecuencia de Leyva pero no pudo precisar si era de arma de fuego. Pero el meollo de su testimonio pasó por dilucidar porque habia declarado que el móvil estaba sin daño alguno y que mas tarde había encontrado un balazo en el guardabarros trasero.

El fiscal le preguntó si era posible, conforme a su experiencia, oir cuando se recibe un impacto en el coche. Le respondió que no. Le preguntó cómo se da cuenta y Ferreyra dijo que a través de una inspección ocular posterior. Agrega que esa noche no tuvo una buena linterna, que preguntó a los otros compañeros y no tenían por eso al momento declaró que el móvil no presentaba daño alguno y no se percató del orificio.

El fiscal y los magistrados insistieron sobre lo mismo, cómo era posible que un subcomisario y responsable, con tantos años de experiencia y anoticiado que había un herido por un supuesto intercambio de disparos, no realizó un control exhaustivo al vehículo. Que además lo deja en el corralón donde no anotan la novedad y tampoco recuerda quien lo recibe. Que además manifiesta que de la guardia judicial de homicidio de la Jefatura le indican que no hacía falta secuestrarlo pero no recuerda quien se lo indica. Que dos horas después al momento que declaraba en la Jefatura recién ahí le ordenan – tampoco recuerda quien – que secuestre el vehículo, regresando al corralón y ya con la luz de día encuentra el orificio en el guardabarros trasero y procede a labrar el acta de inspección ocular.

Asimismo el magistrado le recalcó, porque no había considerado, nuevamente invocando sus años de experiencia, ampliar su declaración testimonial sobre tal hecho, que es determinante judicialmente y no 8 meses después como se realizó.  “No me di cuenta en ese momento”, afirmó Ferreyra.

 

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