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A Güere no lo mataron, lo multiplicaron

Tal vez aún no se alcanza a vislumbrar lo que sucedió en la mañana del martes 27 de diciembre en la Cámara 8va del Crimen de Tribunales II en Córdoba. Ojalá que el pueblo cordobés recuerde siempre esta condena ejemplar para que en un futuro, no tengamos que salir a tomar las calles por otro asesinato.

Luego de dos años y cinco meses de lucha inclaudicable de familiares, amigxs y vecinxs de Güere con el acompañamiento de las organizaciones sociales, políticas y medios alternativos y comunitarios, se obtuvo una conquista histórica, en lo que se refiere a fallos ejemplares contra hechos represivos, por la justicia cordobesa.

La audiencia inició pasadas las 10:30 de la mañana, con una gran presencia de vecinxs de Barrio Los Cortaderos, acompañando desde temprano en las escalinatas de Tribunales II. Como fue a lo largo de todo el juicio, hubo un estricto control policial en la sala del tercer piso. En esta etapa final se hicieron presentes todos los medios de comunicación de Córdoba.

El presidente del tribunal invitó a Ana María Bustos, la mamá de Güere, a ejercer su derecho a la última palabra. Comenzó hablándole a los jurados en su carácter de padres y relató el dolor que sentía por el vacío de pasar las fiestas sin su hijo. Habló de sus sueños, de los valores enseñados y de su ímpetu de trabajo. Exhibió los 10 currículums que Güere había preparado ese día pero no llegó a entregar. A pesar de su voz atragantada por lágrimas pudo dejar en claro la nobleza y humildad de su hijo.

Luego hizo uso de la palabra el acusado, oficial Lucas Gastón Chávez, que pidió perdón a su familia y en un acto de justificación hacia los Pellico repitió dos veces la frase: “Quiero decirle que yo estaba trabajando… Yo estaba trabajando”. El sargento Rubén Alfredo Leiva prefirió guardar silencio y acto seguido el presidente llamó a cuarto intermedio para el dictado de la sentencia.

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La sentencia
La espera se sostuvo afuera con una radio abierta donde pasaron familiares de otros casos de gatillo fácil que compartieron el estado de sus causas. También se presentó la denuncia por el asesinato de Lucas Leonel Rudzick (13) en Barrio Muller ocurrida hace seis días. 

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Cerca de las 15 el prosecretario hizo ingresar a los más de 20 periodistas a la sala, donde nos esperaban 15 efectivos policiales y 10 del servicio penitenciario. Los familiares de ambas partes estaban separados por un cordón policial. En la sala contigua se dispuso de un televisor para seguir la lectura. Jueces y abogados curiosos se acercaron a escuchar el fallo, incluso se constató entre los presentes acompañando a familiares del Sgto Leiva a Sergio Cornejo, el Secretario de Políticas Sociales del gobernador de Juan Schiaretti.

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Posteriormente la secretaria leyó la resolución. El jurado popular luego de cuatro horas de deliberación y por unanimidad declaró penalmente responsables por el delito de lesiones leves calificadas agravadas y homicidio calificado agravado, de Fernando Güere Pellico, todo en concurso real, al oficial Lucas Gastón Chávez y el sargento Rubén Alfredo Leiva.

El tribunal les impuso la pena de prisión perpetua e inhabilitación absoluta y especial para desempeñar empleo o cargo público y portar armas por el tiempo que dure la condena. Asimismo se ordenó un tratamiento psicoterapéutico acorde a la problemática que presentan, a efectuarse durante la condena o el lapso que se requiera por prescripción médica.

Se sienta un precedente
Es la primera vez que desde la justicia se impone condena perpetua al accionar policial por gatillo fácil en Córdoba. Es una conquista fruto del proceso de la organización y lucha que llevaron a cabo durante dos años la familia, los amigxs y el barrio. Aunque justicia, también, es que no vuelva a pasar, ya que en este año 2016, según el informe de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (C.O.R.R.E.P.I) ha muerto una persona cada 25 horas en manos de las fuerzas represivas. Esto nos lleva a reflexionar y exigir que el Estado tome cartas en el asunto y eleve a juicio otros casos, repare integralmente a las víctimas y a sus familiares; acelere los procesos de los pendientes y reabra los clausurados. Esta condena ejemplar marca un precedente para futuros juicios, y colaborará para frenar las prácticas represivas, sean gatillo fácil, abusos policiales, torturas o asesinatos en contextos de encierro.

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No a la impunidad de los responsables políticos
Pero justicia también es sumar al proceso, la denuncia del manto de impunidad que corre sobre los responsables políticos, que son los máximos encargados de velar y garantizar por la vida y la integridad de las personas. El fusilamiento de Güere -como todos los casos de gatillo fácil- no podrían ser llevados adelante sin las complicidades y encubrimientos de toda la cadena de mando por encima de un oficial de policía. Tampoco podría ser posible sin la tutela del Estado que con una mano legisla a favor de las instituciones policiales, en detrimento de la sociedad civil en su conjunto, y con la otra emite un discurso -plasmado en práctica- donde pone la vida de unx pibx en un lugar despojado de valor alguno.

Por eso, decir Chávez y Leiva, es también decir Comisario Walter René Ferreyra, a cargo de ambos policías esa noche. Es también decir Julio Suárez, Jefe de la Policía de Córdoba en aquel momento, que luego sería imputado por coacción contra un periodista que intentaba informar un hecho represivo en Barrio Los Cortaderos. Es también decir José Manuel De La Sota, gobernador de la provincia y que lleva en su haber una cantidad innumerable de asesinatos por parte de las fuerzas represivas en cada uno de sus mandatos. Exigir condenas sobre todos ellos, es también una manera más de decir #JusticiaporGüere.

Si hoy la familia Pellico puede descansar y hacer su duelo en paz, no es por la buena fe de las instituciones gubernamentales sino por el coraje de no callarse nunca y salir a pelear por sus derechos y por los de Güere, aquellos que esa noche le fueron negados. Sin embargo no hallarán, ni hallaremos, justificación alguna al “yo estaba trabajando” proferido por el oficial Lucas Chávez, quien intentó justificar su accionar que acabó con una vida. Porque no existe bien supremo más importante que ese.

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